viernes, 8 de octubre de 2010

Patéticamente Periodista de corazón

Hace poco, sentada dentro de una couster (transporte urbano de Lima), conversé con un señor que se sentó junto a mi; no fui yo la que empezó esa conversación, pero sí quien la terminó,... y con una de esas frases que siempre repito: " Los que elegiremos Periodismo en éstos tiempos, lo hacemos de corazón". Y es que como me dijo el señor del bus y como se suele escuchar en las calles, para un periodista "La canchita de futbol debe estar llena", es decir, existe una reñida competencia. De repente en un futuro quizás, al igual que ocurrió con la Escuela de Educación en sector nacional, cierren las vacantes para nuevos estudiantes y se mantenga la enseñanza a los alumnos que actualmente estudian; pero bueno, solo es un quizás, que probablemente y en especial en las universidades particulares, no sucederá.

Cuando estaba en la secundaria sabía que me gustaba escribir, leer, cantar, jugar, bailar, y muchas otras cosas más que me aseguraron que mi destino no estaría en la ciencia, pese a que siempre me ha gustado todo lo que tiene que ver con ella. Pensé que tal vez me dedicaría a la Literatura, escribiría libros y buscaría trabajos en colegios, pero esa misma idea me daba pavor; incluso ahora, porque el hecho de tener una vida sedentaria, o sólo saber a dónde irme hoy, a dónde irme mañana, me aterra; pero tampoco es el hecho de que esté degradando a los maestros, porque definitivamente no todos son así, sólo que la necesidad de pertenecer al campo, de ser parte de momentos diferentes en tiempos diferentes, fue más trascendental para mi.

Fue para eso entonces, en los últimos años de colegio, en donde conocí a Chabela, alguien que compartía casi los mismos intereses que yo, pero que en algunas circunstancias se inmiscuía más en los asuntos, hasta defenderlos con todas las armas que tuviera; las cuales la hicieron entender, que su destino estaría llena de libros y 5 años de vida universitaria en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica, pero que luego de unos intentos y la única vez en que una de las decisiones más importantes de su vida, estarían sujetas a motivaciones mías y a constantes ideas futuristas de lo que crearíamos juntas, harían que su decisión cambiara para que terminemos siendo colegas en la rama del periodismo de la Universidad San Martin.

Entonces, por lo que recuerdo, la única situación que no dio pie a empezar "por culpa" (podríamos decir) de Chabela, fue en lo que en poco tiempo se llamará: mi Licenciatura en Periodismo. En fin, sólo me queda preguntar cuántos podríamos llamarnos Periodistas de corazón o quizás maestros de corazón, doctores de corazón, etc, si cuando empezamos algo, en algunos casos, lo dejamos por algo que realmente queremos y nos damos cuenta luego de un tiempo. 

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