Al llegar, típico de las playas del sur, un camino recto de arena nos esperaba para llevarnos, con un aroma de polvo y musica ska, hacia el último concierto de vacaciones, el cual a la vez le daba la bienvenida a las clases de todos los que se disponían a ir el día siguiente a estudiar. Pero que también le dio el término a la vida de una persona aquella noche luego de que el concierto fuera a acabar.
Era como un campamento de boy scouts, no porque todos fueran limpios o educados, (cosa que no era, pero que se espera algún día pueda suceder), sino que la manera de cómo todos fueron vestidos, daba a pensar que quizás se había planeado un reglamento y todos deberían de haber usado los colores negro, morado y blanco. En realidad, no era cosa del otro mundo, porque siempre sucedía, solo que lo diferente era que al empezar desde temprano, en un campo abierto, con sol, playa y baile, daba a pensar algo así.
Como en todos los conciertos a los que he ido, me dedicaba desde el incio hasta el final a tomar fotos en todos los momentos que pudiera, y lo hice sin contar que la bateria me falló y todos los encuadres quedaron en mi memoria.
Eran ya más de las 8 y decidimos irnos; teníamos que caminar por el mismo lugar que entramos, cruzar un puente, (algo que no hicimos al llegar), y esperar algún bus que nos lleve. No previmos que mucha gente pensaría lo mismo que nosotros, porque creíamos que al salir temprano encontraríamos buses vacíos y tal vez asientos. Pero fue todo lo contrario, ya que si las olas de la playa Conchán eran tan altas, las olas que hicieron toda esa multitud de gente al salir y cruzar ese puente y algunos la pista, era mucho más.
Como lo presentimos, no encontramos ningún bus, ninguna clase de autos; sólo nos teníamos que conformar con caminar más allá a ver si encontrabamos algún carro que nos llevara. Pero no fue asi, hasta después de que en 2 horas, recorrimos 5 km y llegamos hasta un óvalo del cual sólo recuerdo las luces, la gente que caminó junto a nosotros y una combi que se estacionó para llevarnos hacia un lugar céntrico en donde pudieramos bajar para tomar otras líneas de buses que nos llevaran a nuestras casas.
Encontramos asiento, pero muchos otros no. La combi se fue llena, tan llena que muchos tuvieron que cargar a otros en sus piernas. Una de ellas fue Chabela, cargó a un chico que recién en ese momento conocimos, pero con quien durante todo el camino hasta llegar a nuestros paraderos finales, conversamos. Su nombre no nos lo dijo hasta el final, aunque en realidad luego nos enteramos que no era su nombre original.
Kemury, nos dijo. Era fácil de recordar, porque usaba ese sobrenombre para todas sus redes sociales y con el que se hacía llamar en todos los eventos musicales. A partir de ahí, nuestra amistad, se fue con encuentros, como simples reuniones en la Municipalidad de los Olivos u otros conciertos de punk; conocimos más acerca de la música Screamo e incluso un romance se veía propiciar entre mis dos personajes principales de éste post.
Podemos decir que valió la pena haber caminado esos 5 kilómetros, más allá del hecho de habernos ejercitado o que haya sido nuestro primer concierto en la playa o quizás, por haber conocido al "gritón (música screamo)" de Kemury. Valió la pena, porque entre nosotras pudimos llegar a salvo a nuestras casas, luego de tanto esfuerzo y con una experiencia más en nuestro banco de memorias.


1 comentario:
hahaha recuerdo cuando cargue a Kemury los primeros momentos parecía asustado xD
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