martes, 2 de noviembre de 2010

Misteriosa Mujer

Tengo 21 años, pero solamente al rededor de 7 años, la cólera hacia el "Chino Fuji" ha estado presente. Si digo 7 años, es pues, porque es un promedio que desde los 14 años, haya tenido cabeza para centrarme y decir: "Ese chino baboso destruyó vidas", por no decir nada más. Pero lo que sucede en realidad es que fueron los 10 años de mi vida, en donde pasé toda mi niñez y adolescencia y en donde como toda mente infantil, las cosas de la política te son omisos.

A partir del momento en que regresó a Perú a querer reinvindicarse por los actos cometidos, a pretender haber centrado cabeza o a pedir perdón, la gente empezó a hacer actividades en su contra. Actividades claro, culturales, donde se explicaba de incio a fin, la carrera parlamentaria de ese señor.

Chabela y yo fuimos a uno de ellos. Lima, Abril del 2008, le decían, FUJIMORI 35 AÑOS, años en que la población pide tenerlo dentro de la cárcel; años en los que ya para qué preocuparse por él, si al terminar esos años, quién sabe si seguirá vivo.

La iniciativa de los organizadores, era atraer público jóven; así que el evento, fue más, un concierto de música punk, en donde se presentaron: Diazepunk, Aeropajitas, Daniel F,etc...El lugar: El Parque de la Muralla, Abancay. Se llenó de gente, se vendían posters, pines, llaveros. Recuerdo que Chabela y yo nos hicimos unos llaveros, no vayan a pensar que eran esos típicos llaveros de amistad en donde recordaremos que somos las amigas para siempre, sino aquellos en donde se grababan tu nombre en una pequeña maderita; ella escribió IXACHI y yo MISTERIOSA MUJER. Ella creo, aún lo conserva, el mío desapareció de mi mochila =/.

Tampoco piensen que ahí la amistad desapareció también, aunque en muchos casos eso esté en discusión. Lo que puedo resaltar acá, es el hecho de que ya van a cumplirse casi 4 años de permanencia en mi display de msn, el sobrenombre de Misteriosa Mujer; porsupuesto un hecho no trascendental para la humanidad, ni tan siquiera para mi amistad con Chabela, pero algo sí que recordaré, pues al referirme así con ese sobrenombre a mí misma, es que refleja mi sentido de identidad.   

Para volver al día del concierto, también habían pequeños cuartos decorados, como uno que se encontraba bajo un techo de sábanas, como los que se usan para decorar fiestas, llamados: Toldos. Dentro se encontraban fotos, cuadros, cartas, y una voz en off que reiteraba los nombres de las víctimas de todos los sucesos acontecidos en el Gobierno del Chino. Era un decorado largo, y por ende, lento en el tiempo de llegar hacia el otro extremo, por lo lleno que estaba de gente.

Nos fuimos temprano, pero definitivamente, nos fuimos con la cabeza llena de ideas claras, con aseveraciones que eran nuestras y con pensamientos decididos a entender y a no dejarse influenciar por más fanáticos de aquel Partido Perú2000, tal como se llamó la campaña política del segundo Gobierno de Fuji .

miércoles, 27 de octubre de 2010

Conchàn nos pagò por haber ido gratis

Una tarde que fue planeada sólo unas horas antes de que se diera el tan esperado, por muchos, concierto gratuito en la playa Conchán.

Temporada de verano y los únicos carnavales que terminé viviendo fueron con pequeños salpicones del agua de mar; aunque ya no se le podrían llamar carnavales porque ese día fue el primer domingo de Marzo del 2008. Chabela, un amigo más y yo, nos aguantamos las dos horas de viaje para llegar al km. 23 de la panamericana sur.

Al llegar, típico de las playas del sur, un camino recto de arena nos esperaba para llevarnos, con un aroma de polvo y musica ska, hacia el último concierto de vacaciones, el cual a la vez le daba la bienvenida a las clases de todos los que se disponían a ir el día siguiente a estudiar. Pero que también le dio el término a la vida de una persona aquella noche luego de que el concierto fuera a acabar.

Era como un campamento de boy scouts, no porque todos fueran limpios o educados, (cosa que no era, pero que se espera algún día pueda suceder), sino que la manera de cómo todos fueron vestidos, daba a pensar que quizás se había planeado un reglamento y todos deberían de haber usado los colores negro, morado y blanco. En realidad, no era cosa del otro mundo, porque siempre sucedía, solo que lo diferente era que al empezar desde temprano, en un campo abierto, con sol, playa y baile, daba a pensar algo así.

Se vendían cervezas; habían sólo 5 baños portátiles y colas inmensas; los músicos luego de tocar, andaban por el "campamento" tomando con la gente que siempre los sigue; muchos otros golpeados por la gente que pogueaba en el centro de la playa y muchos otros desesperados buscando sus pertenencias que ya no estaban y que en la mayoría de casos era imposible de encontrar.

Como en todos los conciertos a los que he ido, me dedicaba desde el incio hasta el final a tomar fotos en todos los momentos que pudiera, y lo hice sin contar que la bateria me falló y todos los encuadres quedaron en mi memoria.

Eran ya más de las 8 y decidimos irnos; teníamos que caminar por el mismo lugar que entramos, cruzar un puente, (algo que no hicimos al llegar), y esperar algún bus que nos lleve. No previmos que mucha gente pensaría lo mismo que nosotros, porque creíamos que al salir temprano encontraríamos buses vacíos y tal vez asientos. Pero fue todo lo contrario, ya que si las olas de la playa Conchán eran tan altas, las olas que hicieron toda esa multitud de gente al salir y cruzar ese puente y algunos la pista, era mucho más.

Como lo presentimos, no encontramos ningún bus, ninguna clase de autos; sólo nos teníamos que conformar con caminar más allá a ver si encontrabamos algún carro que nos llevara. Pero no fue asi, hasta después de que en 2 horas, recorrimos 5 km y llegamos hasta un óvalo del cual sólo recuerdo las luces, la gente que caminó junto a nosotros y una combi que se estacionó para llevarnos hacia un lugar céntrico en donde pudieramos bajar para tomar otras líneas de buses que nos llevaran a nuestras casas.

Encontramos asiento, pero muchos otros no. La combi se fue llena, tan llena que muchos tuvieron que cargar a otros en sus piernas. Una de ellas fue Chabela, cargó a un chico que recién en ese momento conocimos, pero con quien durante todo el camino hasta llegar a nuestros paraderos finales, conversamos. Su nombre no nos lo dijo hasta el final, aunque en realidad luego nos enteramos que no era su nombre original.

Kemury, nos dijo. Era fácil de recordar, porque usaba ese sobrenombre para todas sus redes sociales y con el que se hacía llamar en todos los eventos musicales. A partir de ahí, nuestra amistad, se fue con encuentros, como simples reuniones en la Municipalidad de los Olivos u otros conciertos de punk; conocimos más acerca de la música Screamo e incluso un romance se veía propiciar entre mis dos personajes principales de éste post.

Podemos decir que valió la pena haber caminado esos 5 kilómetros, más allá del hecho de habernos ejercitado o que haya sido nuestro primer concierto en la playa o quizás, por haber conocido al "gritón (música screamo)" de Kemury. Valió la pena, porque entre nosotras pudimos llegar a salvo a nuestras casas, luego de tanto esfuerzo y con una experiencia más en nuestro banco de memorias.

jueves, 21 de octubre de 2010

El Lobo llegó a Perú

Las 12 del día y ya llevaba 3 horas en la casa de Chabela. Fui temprano porque si más no recuerdo, ya era tarde para llegar a mis clases de Inglés.

Anímicamente, estaba algo triste porque mi relación con "Keto" no iba bien; para esos días no estábamos y resumiendo todo, era el momento perfecto de la separación.

Nos metimos al internet y en el chat encontramos a la persona con quien Chabela, ya había cruzado antes ciertas palabras en las redes sociales como el Hi5, para ese entonces. Lo más curioso era de lo que hablaban, porque sólo usaban adverbios de pertenencia hacia mí; aunque uno de esos comentarios que mandó aquella persona que estaba al otro lado del internet, fue un video musical que hasta ahora no lo encuentro, pero que el que pongo aquí resume todo lo que dijo esa vez.

A pesar de que casi 4300 km separados él (a quien conoceremos como "Lobo") de nosotras y viceversa, conversamos en que durante la noche podríamos tomar un roncito y pasarla tranquilo; exactamente ese día cayó lunes y para ese entonces no compartía la idea de tomar el primer día de la semana, más aún cuando sabíamos que él estaba muy lejos de nosotras. A menos que hiciéramos un brindis a su nombre y él también al nuestro.

Quedamos en nada y cada una a su casa. Para la tarde, me puse a hacer lo que hacía todas las tardes, bailar. En el transcurso de esa tarde, tocaron a mi puerta, era una vecina quien me pidió que le hiciera el favor de acompañarla hacía la casa de Lobo; no para verlo obviamente, porque estaba muy lejos de acá, sino para hacer unos trámites que ella tenía que hacer con la familia de él.

Al llegar, la inocencia que me llevó a acompañarla, se tornó en un aura roja alrededor de todo mi cuerpo por unas palabras que escuché de quien nos abrió la puerta. Lobo estaba adentro y lo único que quería hacer era salir de ahí. Los motivos subsisten desde mucho tiempo atrás cuando la historia comenzó a mis 13 años de edad; no podía verlo, no estaba lista. Él desapareció y recién luego de 6 años regresó; yo seguía acá y ahora qué le diría, qué me diría.

No me dejaron salir, así que me resigné, pero empecé a actuar diferente, como si al conversar con mi amiga, tendía a tartamudear en mis oraciones. Derepente apareció una perrita, de esas que en su colita se le forma una pelotita de pelo, como si fuera un diente de león; la acaricié, pero para eso me puse en cunclillas; al levantarme, con un brillo en el fondo del patio y con un fondo ambiental de risas y murmullos, apareció Lobo. Un lento, pero difícil acto de pasar la saliba por la garganta, el hecho de quedarte sin nada qué decir en la cabeza y la paranoia de pensar en que se va a fijar en todo lo mal que crees que te ves.

Todo lo ya mencionado, pasó alrededor de 10 segundos antes de pensar en que tal vez, la perrita era la antesala para ver llegar a quien luego de que pasasen 6 años, extrañaras, pero que al verlo, sintieras como si siempre hubiera estado ahí. No dije mucho, hasta que me quedé a solas con él en su patio; lo abracé, abracé al chico que llevaba bermudas y skeechers, abracé a quien espero haya sentido en ese momento todo lo que quise decirle en su tiempo de ausente.
A partir de la siguiente semana, las cosas se complicaron; podría decir que no tuvo un buen inicio. Se inventaban excusas, se crearon mentiras; un ejemplo podría ser que usé a Chabela de pretexto y/o consecuencia para verlo. Por ahora sólo diría que su llegada tuvo un mal final en su estadía para nosotros juntos.

martes, 19 de octubre de 2010

Sí quiero

Ya éramos las llamadas "Cachimbas o Neo Universitarias", como mejor se entienda.

Revisando un día el Anuario de Chabela ( un álbum en donde aparecen las fotos de todos los compañeros de promoción del colegio), y luego ya de un tiempo terminada la etapa escolar (que en mí particularmente no me gusta extrañar) y más aún cuando no hicimos promoción juntas, miré y encontré el nombre de un chico, quien a mis 11 años me dejó con el primer suspiro de amor verdadero y adolescente, por cierto; pero que luego de conocerlo, tuvo que pasar 7 años para poder volvernos a ver y consolidar lo que alguna vez sentí y lo que estoy segura, el sintió cuando me vio.

Lo que encontré en el anuario fue su nombre completo, su correo, su dirección y unas palabras de lo que siempre escribimos cada uno para que nos recuerden alguna vez, cuando vuelvan a abrir ése álbum. Copié su mail y conversamos por internet. Terminaba el 2006 y terminaba mi 2do ciclo; acordamos vernos antes que terminara el año, pero el encuentro no se dio hasta el verano del siguiente año.

Recuerdo que había encontrado un trabajo, estaba emocionada y ansiosa por empezar ya, más aún cuando se trataba de algo que tenía que ver con mi carrera. Pasado un tiempo, dije que solo acabaría el mes y jamás volvería a realizar algo que se relacionara con ventas, ni aunque eso me ayudara a relacionarme con las personas. Lo que viví ahí fue suficiente.

La primera vez que vi al chico que mencioné antes, fue cuando me visitó en mi casa; sino me equivoco, fue unos dias después de que consiguiera el trabajo. A partir de ahí todo andaba bien, o sino, así me gustaba pensar que estaba; tenía un trabajo, todo iba bien en la Universidad y sentía una ilusión que creía podía volverse realidad. Y así fue.

Luego de algunas salidas, algunos conciertos, algunas llamadas, por fin se dio el día en que, a quien de ahora en adelante llamaremos "Keto", me pidió ser su enamorada. Tal y como hubiese querido que pasara, sucedió; aunque no exactamente, porque estubo la presencia del alcohol , el cual en éste caso, no fue el ron, pero que fuera de ello, el romanticismo estubo en todo su esplendor.

Al principio, como toda persona corriente, usó la frase: "quieres estar conmigo", pero como le dije a él y como lo escribiré ahora, eso no es lo correcto, porque dos personas pueden estar juntas y luego pueden estar conmigo para hacer un grupo, o yo puedo estar con una persona a mi lado y etcétera de significados para esa frase. Lo bonito de éste momento, es lo gracioso que resultó cuando se retractó y me preguntó si quería ser su enamorada, para lo que dije: "Sí quiero ser tu enamorada", sellando con un beso, luego de tanta charlatanería, al estilo película koreana.

Así se pasó un año de locuras, risas, llantos; la experiencia del primer enamorado, del primer amor. El novio que sabes que fue perfecto, pero claro, que lo odias al final, por sacarse la imagen de príncipe azúl, pero que siempre hay un suspiro presente y un recuerdo que jamás se olvidará.

Esta es mi historia del Sí quiero, con un corto final, pero la única que fue seria y real, porque a partir de ahí las siguientes, solo fueron como una paloma que llegó, para volver a volar.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Un beso de madrugada

Chabela celebraría sus 15 años y ya llevaba 3 meses de conocerla, por supuesto me invitó y claro, también a todo el salón. Sería el primer quinceañero al cual asistiría, sin mencionar que sólo he ido a tres de ellos. La razón que no era clara para mí, lo era para mi mamá: "No irás porque no tienes 15 años".

Previos a la noche del quinceañero; no estaba lista, como siempre; llegué algo tarde, pero por suerte, antes de verla bajar por las escaleras al estilo Thalia. Aún no entiendo por qué las lágrimas en muchas personas, incluyéndome, durante esos 5 minutos mientras bajaba y caminaba hacia el centro de su sala, para sujetar el micrófono y agradecerles a todos por su asistencia; es probable que haya sido la música, o verla por primera vez en vestido y tacos, o simplemente el hecho de cruzar miradas con otras personas que estaban ahí y sin que queramos, sentir la misma emoción para derramar unas cuantas lágrimas.

Luego de la media noche, del vals, de los mariachis, luego de cantar con los mariachis, de la música disco; luego de una búsqueda insistente a Chabela por su repentina desaparición y luego de unos cuantos altos grados de alcohol en el cuerpo de cada persona que se encontraba en la sala y en el patio de su casa, conversé con un ex compañero de un ex colegio de la quinceañera; conversación que se borró de mi disco duro, al igual que su rostro y su voz, pero que a la vez, sólo llego a recordar el primer beso que me llegó a dar.

Eran casi las 2 de la mañana y me pidió que lo acompañara a comprar; creo que a los 14 años y subida de copas, cualquiera diría que una ya está demasiado grande para ser ilusa y confiarse de cualquiera para salir a esas horas; pero al fin y al cabo no estabas sola y sabrías a dónde regresar por si tenías que hacerlo.

Las tiendas estaban cerradas y podría asegurar que ninguno de los dos sabía si alguna tienda de por ahí permanecía abierta a esas horas, pero él decía que sí conocía y que sólo siguiéramos caminando. Al cruzar una calle vimos un desmonte de tierra; con el equilibrio que tenía y peor aún con las botas que llevaba puesta, tuvo que tomar mis manos y hacerme saltar; seguramente al caer pisé mal, lo que hizo que me terminara abrazando y besando.

Al escribir esto, se me ocurre toda una escena de película romántica, que por cierto me gusta ver, pero que me estremece por toda la cursilería que intervienen en esas escenas; y es que cuando se dan los momentos de cámara lenta, con besos lentos, con juegos artificiales y con los ojos llenos de brillo en la mirada, puedo concluir que exactamente todo esto es lo que sentí en ese momento. Claro que con ayuda del alcohol.

Y así durante dos calles más, antes de regresar al lugar de la fiesta, seguimos besándonos. Nos cojimos de la mano y así fue como entramos. Cuando me di cuenta, todos nos quedaron mirando, al instante lo que hice fue soltarlo e irme corriendo hacia adentro de la casa (típica actitud mia). Después de muchos comentarios sobre nuestra escapada, me dijeron que el chico era de uno de los más mujeriegos de una escuela contemporánea y a la vez paralela a la nuestra, pese a que ya no estudiaba ahí siempre estaba en contacto con toda la gente, motivo por el cual fue a la fiesta.

Yo solo recuerdo que sí, efectivamente era simpático; tuve suerte no?, fuera de que no ocurrió en las circunstancias perfectas y no fue el beso soñado, fue mi primer beso y sucedió por ir al quinceañero de Chabela. Si no hubiera ido, mi primer beso hubiera sido mejor?.


viernes, 8 de octubre de 2010

A los 2000

Las típicas revelaciones del adolescente con sus padres no eran para mí. Pensaba que esa etapa núnca llegaría, o tal vez pasó y no me di cuenta (porque sucede cuando tú piensas que todo va bien, pero no es así y son otros los que se dan cuenta del cambio). Tenía 14 años y aún me vestía con lo que mi mamá me compraba; no importaba, porque igual me quedaba, y aunque no recuerde si me quedaba bien, solo recuerdo que sí eran de mi talla.

"Vamos a Saga", las palabras mágicas que funcionaron correctamente en ese momento, aunque creo que más ayá del hecho de ir a comprar ropa, era el hecho de que lo iba a hacer con una amiga, y porsupuesto con mi mamá, quien llevaba consigo la famosa frase: "tarjetita paga".

Luego de analizar el hecho y tener las imágenes en mi cabeza, se puede entender el acto como una disyuntiva entre hacerle caso a tu mamá o dejarte llevar por la opinión de alguien más. Al final si te ves bien, qué bien!. a cambiar todo el closet. Lo bueno es que duró poco y luego opté por conocerme más e ir por mi propio estilo. Pero e ahi la primera acción de Chabela, la cual seguramente no buscó hacer a propósito.

Para los 2003, cuando aún se veían raro a los colegiales andar en ropa de calle y que incluso a nosotros mismos preocuparnos diariamente lo que nos pondremos. Bueno, al leer esto te preguntarás por qué?, por qué se preocupaban tanto en su vestimenta?; vamos!.. éramos adolescentes, tú también lo hiciste, quizás hasta ahora lo hagas, porque yo hasta ahora sí.

Luego de tantos años con un uniforme clásico, por qué ahora esa necesidad de irse como a uno se le diera la regalada gana. Es posible pensar que te preparaban completa y absolutamente para la universidad, no sólo con conocimientos, sino con actitud. Claro, creo que acabo de encontrar la respuesta. =)